Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago A continuación, se metieron en el bosque y mi escudero no pudo oír nada más, pero quedó bien claro que eran forasteras. Muy asustado, vino a mí, dispuesto a despertarme, pero yo no me habría despertado nunca, mientras tuviera la almohada bajo la cabeza; mi escudero no se dio cuenta de esto, y me zarandeó tanto que mi cabeza se cayó de la almohada: me desperté y sentí un dolor en la pierna y en el brazo, igual que el de esta mañana, y por todo el mundo me resultaba imposible montar a caballo; fue necesario que mi escudero viniera a mi lado y me preparara unas parihuelas, que usé para llegar aquí. Traía la almohada bajo la cabeza, para descansar, cuando un caballero completamente armado se acercó a las parihuelas, arrancándomela de debajo de la cabeza, con tanta violencia que me hirió. Vine enfermo de este modo. Y ya os he contado toda mi enfermedad.
—Señor, señor —dice la doncella—, ¿no os dije que mandarais a buscar a mi señor Galván, vuestro hermano pues era el mejor caballero del mundo? Vos dijisteis que había muchos más valientes que él: vos no hicisteis nada para evitar perder la pierna, pues pensabais que era mentira lo que os había dicho el escudero.
Agravaín se calla y no pronuncia una sola palabra, y siente una gran vergüenza por haber menospreciado a su hermano, según le parece.
—¿De quién es esta casa?, pregunta mi señor Galván.