Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Las doncellas se acercaron a mÃ; una de ellas me colocó una almohada debajo de la cabeza, y seguà durmiendo; una me untó la pierna con no sé qué, y la otra, el brazo izquierdo. Cuando se marcharon, pasaron junto al matorral en el que estaba mi criado, y decÃan:
—Nos hemos vengado bien, no poniendo término para su curación.
—Asà me ayude Dios —le contestó la otra—, pondré término a lo del brazo de aquà a que lo unte con la sangre del mejor caballero que exista.
—Entonces, yo le pondré término a lo de la pierna el dÃa que se la lave con la sangre del mejor caballero, después del otro. Sabed que habrá que esperar mucho tiempo, pues es poca la gente que hay ahora en el mundo capaz de elegir a los dos mejores caballeros.