Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —En verdad, por mucha fuerza que tengáis vos junto a vuestra puta que aquà habéis traÃdo, no os lo diré.
—Señor caballero, me afrentáis y no me honráis, pues cuando un caballero maldice a otro de fuera, que a él se dirige, la afrenta es más para él que para el caballero de fuera, y lo siento más por esta doncella de la que decÃs cosas deshonrosas, que por mà mismo.
—Por Dios, digo la verdad.
—MentÃs, le interrumpe la doncella.
Cuando el caballero oye que aquella joven le desmiente, siente vergüenza y enrojece por completo; salta del asiento en el que estaba sentado e intenta lanzarse contra la doncella. Pero Héctor se coloca entre ambos, diciéndole al caballero que la doncella está bajo su protección «y me apreciarÃais en muy poco si la golpearais delante de mÃ, que estoy completamente armado, mientras que vos sólo tenéis cubiertas las piernas: os podréis vengar mejor cuando estéis completamente armado».
—¿Os creéis que me voy a armar por vos? Ciertamente, con que tuviera sólo el escudo al cuello, la arrojarÃa a unas letrinas y la colgarÃa por las trenzas de una de esas encinas, pues no la dejarÃa antes por vos que por un crÃo.
—Sin embargo, ella no se preocupa por vos, ¿no es asÃ, doncella?