Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, me llamo Guinas de Blahestan.
Se encomiendan a Dios y se marchan el caballero y la doncella, por una parte, y Héctor y el escudero por otra. El escudero le lleva el escudo, la lanza y el yelmo, pues él estaba muy cansado y se iba refrescando y tomando el aire y la brisa de la tarde que se acercaba a la noche. Cabalgan con ganas, hasta que llegan a un gran valle; después de atravesarlo, suben la colina y entonces ven, delante de ellos, caballeros completamente armados y servidores dispuestos como para la guerra, y fácilmente eran, entre unos y otros, alrededor de ciento cuarenta. Pide el yelmo, la lanza y el escudo, que se coloca al cuello; pero el criado los reconoce y le dice:
—Señor, no os preocupéis por ellos, son gente nuestra.
Sin embargo, Héctor no se entretiene en armarse. El criado corre hacia ellos y los saluda, y ellos le devuelven el saludo, pues habÃa muchos que le conocÃan; después, le preguntan:
—¿Es ese tu señor?
—No, es un caballero de fuera, muy valiente y muy atrevido.