Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Desmonta y le entrega el caballo sobre el que estaba sentado, toma el otro, coloca la caza en la grupa y se lleva al perro atado con una correa. Al poco rato, tiene que descabalgar, pues el rocín no podía caminar de agotamiento, desmonta y lo lleva de la rienda, pero no había caminado mucho cuando se encontró con un vasallo que iba montado en un palafrén, con una vara en la mano y acompañado por dos lebreles y un braco. El vasallo ya era mayor y el niño, tan pronto como lo vio, lo saludó. Él responde que Dios lo guíe y le pregunta que de dónde es, a lo que el niño le contesta que de otra tierra.
—Ciertamente —le dice el vasallo—, quienquiera que seáis, sois hermoso y bien educado. ¿De dónde venís así, mi buen niño?
—Señor, de cazar, según podéis ver: he conseguido esta pieza que os regalo, dignaos en aceptarla, pues pienso que la emplearéis bien.
—Muchas gracias, querido niño, no la rechazaré, pues me la habéis ofrecido con buen corazón y con gusto; en verdad que debéis ser de tan alto linaje como de noble corazón. Necesitaba la caza, pues hoy he casado a una hija mía y había venido a cazar, en busca de algo con que se quedaran contentos los que han acudido a las nupcias, pero se me han escapado todas las piezas.
El vasallo descabalga y toma la pieza; entonces le pregunta al niño que cuánto quiere que se lleve.