Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Así, van al palacio y la joven lleva a Héctor a su habitación, y hace que lo desarmen sobre un hermoso tapiz bordado: ella misma le quita una parte de la armadura, y no permite que lo toque nadie que no sea doncella. Cuando terminaron de desarmarlo, el agua ya estaba preparada y Héctor se lava las manos, la cara y el cuello: estaba tan bello que habría sido inútil buscar a otro más hermoso. La joven le entrega un manto corto y se lo coloca al cuello. Cuanto más lo contempla la muchacha, más le agrada, y se dice a sí misma que Dios fue muy generoso con él, ya que le concedió todas las bellezas del mundo y todo el valor. El señor del castillo va a verle en ese momento, examina sus heridas, pues sabía mucho, y dice que está mejor de lo que creía, «pues no tenéis ninguna herida peligrosa». Tras mirárselas y curarlas, van a ver a Marganor, que estaba desarmado y se quejaba de dolor, pues estaba gravemente herido, aunque no tenía ninguna herida mortal, para gran alegría de Héctor y también del señor. Era ya casi de noche y comieron un poco para seguir viviendo.