Historia de Lanzarote del Lago

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Así, el senescal se ve alejado de sus intenciones. Mi señor Galván cabalga hasta llegar a Cicaverne: había tomado en la casa en la que había dormido una lanza vieja, sucia y con una gruesa asta de fresno; la punta también era vieja y estaba llena de herrumbre, pero era aguda y muy cortante. Ya estaba el senescal ante el duque, preparado para el combate. Mi señor Galván le dice a la dama que quiere oír misa; se la celebran y en ella le pide a Nuestro Señor, con todo corazón, que le dé honra en el día de hoy, pues combate por el derecho y por compasión. A la salida de la iglesia le llevan su caballo: pone el pie en el estribo, y en ese momento, una flecha le da en medio de la falda de la cota, de forma que rebota, yendo a herir al caballo en el flanco; lo siente mucho porque su montura está herida, pero a pesar de todo, monta y atraviesa la ciudad, protegiendo con el escudo el lado por el que le ha llegado el golpe. Se presenta al duque; el caballo sangraba abundantemente. Entonces, el duque les pregunta a los que con él estaban que quién le había herido de tal forma el caballo, y le cuentan cómo había ocurrido.

En esto mi señor Galván desmonta ante el duque y, saludándolo, le dice:



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