Historia de Merlin
Historia de Merlin —Estás llena de diablos —le contesta, tras escucharla con atención—, y los diablos viven en ti. ¿Cómo puedo confesarte y ponerte penitencia por lo que me dices? No ha habido mujer que pierda su honra sin saber quién se lo ha hecho, o al menos, sin ver al hombre que se lo hacÃa. ¿Pretendes hacerme creer que te ha ocurrido eso?
—Que Dios me guarde de tormento, como que es verdad cuanto os he dicho.
—Si es tal como dices, lo podrás comprobar por ti misma. Has cometido un grave pecado al desobedecerme; por eso, te voy a poner como penitencia que el resto de tu vida no comas los viernes más que una sola vez; y por lo que dices de la lujuria —en lo que no te creo en absoluto—, también te pondré una penitencia para toda tu vida, pues asà tengo que hacerlo, si es que quieres aceptarla.
—Señor, no me mandaréis nada que yo no me esfuerce en hacerlo todo lo posible.
—Que Dios te lo permita. Dices que vienes en busca del consejo de la Santa Iglesia y por la misericordia de Jesucristo, que nos rescató pagando un rescate tan alto como fue su preciosa sangre y su propia muerte: es confesión auténtica, arrepentimiento sencillo, con la decisión firme del corazón y del cuerpo.
—Tal como lo habéis dicho, lo haré con mucho gusto, si Dios quiere.