La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Señor, os traigo a nuestro criado, nuestro gozo, nuestra protección y nuestra esperanza, para que lo hagáis caballero, pues, a nuestro entender, de nadie más noble que vos podrÃa recibir la orden de caballerÃa.
Él mira al niño y lo ve adornado tan maravillosamente con todas las bellezas, que piensa no haber visto jamás a nadie de su edad con una figura tan perfecta de hombre. Por la sencillez que se ve en él, espera que haga tantos bienes, que le agrada prepararle para caballero. Responde a las damas que no se preocupen por esto, pues con gusto lo hará caballero, ya que asà lo desean.
—Señor —dice la que lo llevaba—, queremos que sea esta noche o mañana.
—Por Dios —responde—, será como queréis.
Aquella noche permaneció allà Lanzarote e hizo que el doncel velara en el monasterio; la mañana siguiente, a la hora de prima, lo armó caballero: le calzó una de las espuelas y le dio el espaldarazo, deseándole que Dios lo hiciera noble caballero, pues no le faltaba ninguna virtud. Cuando habÃa cumplido con todo lo que a novel caballero pertenece, le dijo:
—Noble señor, ¿vendréis conmigo a la corte de mi señor el rey Arturo?
—Señor —le responde—, en absoluto, no iré con vos.
Lanzarote, dirigiéndose a la abadesa, le dice: