La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Después de haber cabalgado hasta el mediodía ve ante sí, fuera del camino, una casita. Se dirige hacia allí, pues sabe que es una ermita; al llegar ve una pequeña capilla y una casa pequeña; ante la entrada está sentado un anciano vestido con túnica blanca, semejante a un hombre de religión, y que decía con gran duelo:
—¡Buen Señor Dios! ¿Por qué habéis permitido esto? Os había servido durante tanto tiempo y había sufrido tanto en vuestro servicio…
Cuando Lanzarote ve al buen hombre llorar con tal ternura, siente una gran compasión y le saluda diciéndole:
—Señor, Dios os guarde.
—Que Dios lo haga, señor caballero —responde el buen hombre—, pues si no me guarda, no dudo que el Enemigo me pueda sorprender con facilidad. Y que Dios os quite el pecado en el que estáis, pues ciertamente sois uno de los más desdichados caballeros que conozco.