La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial HabÃa cabalgado tanto que, al fin, llega ante una ermita situada en una montaña. Mira hacia allá y ve ante la puerta a un ermitaño sentado; era un hombre viejo y anciano. Se alegra mucho, le saluda y aquél le devuelve el saludo, afable y cortésmente:
—Señor —le pregunta Lanzarote—, ¿podrÃais darle albergue a un caballero andante?
—Buen señor —le responde el anciano—, si lo deseáis, os albergaré hoy lo mejor que pueda y os daré de comer de lo que Dios me ha dado.