La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Verdaderamente, Boores, si la palabra del Evangelio fuera cierta en vos, vos seríais un caballero bueno y auténtico, pues así como Nuestro Señor dijo: «El buen árbol da buen fruto», vos debéis ser bueno por justicia, pues sois el fruto de un árbol muy bueno, ya que vuestro padre el rey Boores fue uno de los mejores hombres que yo nunca conocí, rey piadoso y humilde, y vuestra madre la reina Evaine fue una de las mejores damas que he visto en toda mi vida; ellos dos fueron un solo árbol y una misma carne por la unión del matrimonio y ya que vos fuisteis el fruto, deberíais ser bueno, pues los árboles fueron buenos.
—Señor —dice Boores—, aunque el hombre proceda de mal árbol, es decir, de mal padre y de mala madre, se cambia su amargura por dulzor tan pronto como recibe el santo carisma, la santa unción; por eso creo que no tiene nada que ver con el padre ni con la madre que sea bueno o malo, sino con el corazón del hombre: el corazón del hombre es el remo de la nave que le lleva a donde se quiere: o a puerto o al peligro.
—Es el remo o el timonel que lo sujeta, lo dirige y lo hace ir a donde quiere; tal es el corazón del hombre, pues el que obra bien, lo hace por la gracia y consejo del Espíritu Santo y el que obra mal es por instigación del Enemigo.