La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Hablaron mucho rato ambos de esto, hasta que llegaron ante una casa en la que había un ermitaño. El buen hombre se dirige hacia allí y dice a Boores que lo siga, pues le albergará hoy y por la mañana podrá hablar en privado con él de lo que le ha pedido consejo. Boores se lo concede con gusto. Al llegar, descabalgan y encuentran dentro a un clérigo que le quita al caballo de Boores la silla y el freno y se encarga de él y le ayuda a que se desarme. Una vez desarmado, el ermitaño le dice que vaya a oír vísperas y él responde que lo hará con gusto. Entonces entran en la capilla y aquél comienza las vísperas; después de cantarlas, hace poner la mesa y da a Boores pan y agua y le dice:
—Señor, de esta comida deben tomar los caballeros celestiales para su cuerpo, no comidas grandes que llevan al hombre a la lujuria y al pecado mortal y, así me salve Dios, pienso que, si vos quisierais hacer una cosa por mí yo os la pediría.
Boores le pregunta qué es.
—Es una cosa —dice el buen hombre— que os servirá para el alma y os mantendrá el cuerpo durante mucho tiempo.
Él le asegura que lo hará.
—Muchas gracias —dice el buen hombre—. ¿Sabéis qué es lo que me habéis otorgado? Que no alimentaréis el cuerpo con otra comida hasta que estéis en la mesa del Santo Grial.