La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Si por mi voluntad fuera, vos no os irÃais nunca. Pero ya que asà tiene que ser, que os proteja Aquel que se dejó clavar en la SantÃsima Vera Cruz para liberar el linaje humano de la muerte duradera, y que os conduzca a salvación a todos los lugares donde vayáis.
—Señora, ¡que Dios lo haga por su digna misericordia!
Con esto, se despide Lanzarote de la reina y baja al patio, donde ve a sus compañeros ya montados esperándolo. Se acerca a su caballo y monta. El rey que vio a Galaz sin escudo y que querÃa marcharse a la Búsqueda sin llevarlo, se dirigió a él y le dijo:
—Señor, me parece que no hacéis todo bien, pues no lleváis escudo, como hacen vuestros compañeros.
—Señor —le responde—, mal harÃa si lo llevase. No tomaré ninguno mientras no me lo ofrezca la ventura.
—Que Dios os ayude —dijo el rey—. Me callaré hasta entonces, ya que no puede ser de otra forma.