La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Señor —dijo el fraile—, ¿por qué lo preguntáis?
—Porque me lo llevaré para saber si tiene la virtud que dicen —le respondió.
—Yo no lo harÃa —dijo el monje—; no deberÃais sacarlo, pues creo que sólo os llegarÃa deshonra.
—De todas formas —insiste—, quiero saber dónde está y cómo es.
Aquél lo lleva, entonces, detrás del altar principal y encuentra allà un escudo blanco con una cruz roja.
—Señor —dice el monje—, he aquà el escudo por el que preguntáis.
Ellos lo contemplaron y dijeron que, a su parecer, era el más bello y el más rico que habÃan visto hasta entonces; despedÃa un olor tan suave como si todas las especias del mundo estuvieran echadas por encima. Cuando Yván el Bastardo lo vio, dijo:
—Asà me ayude Dios, he aquà el escudo que nadie debe colgar de su cuello, si no es mejor caballero que los demás. No colgará de mi cuello, pues ciertamente no soy tan valiente ni tan noble como para merecer llevarlo.
—Por Dios —dice el rey Bandemagus—, me pase lo que me pase, yo me lo llevaré.