La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Señor caballero, dejad la corona, pues no tenéis derecho a ella.
Después, se vuelve al mismo lugar de donde habÃa venido. Melián se queda, sin fuerzas para levantarse, como el que piensa que está herido de muerte. Se lamenta por no haber creÃdo a Galaz, pues ya le ha llegado la primera desgracia.
Mientras que él estaba en esta dolorosa situación, sucedió que Galaz llegó a aquella parte porque su camino lo conducÃa allÃ. Cuando vio a Melián que yacÃa en el suelo lo sintió mucho, pues pensó que estarÃa herido de muerte. Se le acercó y le dijo:
—¡Ay!, Melián, ¿quién os ha hecho esto? ¿Pensáis que podréis sanar?
Al oÃrlo aquél, lo reconoce y le contesta:
—¡Ay!, señor, por Dios, no me dejéis morir en este bosque, llevadme a una abadÃa, donde pueda recibir los sacramentos y morir como buen cristiano.
—¿Cómo? —le pregunta Galaz—. Melián, ¿estáis tan mal herido que pensáis morir?
—Sà —le responde.
Galaz lo siente mucho y le pregunta dónde están los que le han hecho eso.
Sale de la espesura entonces el caballero que habÃa herido a Melián y le dice a Galaz:
—Señor caballero, guardaos de mÃ, porque os haré todo el mal que pueda.