La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Cuenta la historia que cuando Galván se separó de sus compañeros, cabalgó muchos días sin encontrar aventuras que merezcan ser narradas, hasta que llegó a la abadía donde Galaz había tomado el escudo blanco con la cruz roja. Allí le contaron las aventuras que él había llevado a cabo. Al oír aquello, preguntó que hacia dónde había ido, y se lo dijeron; se puso en camino tras él y cabalgó hasta que el destino lo llevó a donde Melián yacía enfermo. Cuando aquél reconoció a Galván, le dio nuevas de Galaz, diciéndole que se había ido por la mañana.
—¡Dios! —dijo Galván—. ¡Qué desdichado soy! Soy el caballero más desgraciado del mundo, pues voy siguiendo a este otro caballero de cerca y no lo logro alcanzar. Si Dios quisiera que yo lo pudiese encontrar, no me apartaría nunca de él, porque él desea tanto mi acompañamiento como yo el suyo.
Uno de los frailes que oyó estas palabras le dijo a Galván:
—Señor, vuestra mutua compañía no sería de ninguna manera conveniente, pues vos sois un servidor malo y desleal, y él es un caballero tal como se debe ser.
—Señor —dice Galván—, por lo que decís, me parece que me conocéis bien.
—Os conozco mucho mejor de lo que os imagináis —contesta el buen hombre.
