La canción de Rolando

La canción de Rolando

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CC

—SEÑOR EMIR —dice Clariano—, ayer en Roncesvalles se libró una batalla. Rolando halló la muerte, y con él el conde Oliveros, y los doce pares que tanto amaba Carlos; veinte mil de sus franceses perecieron. El rey Marsil perdió la mano diestra y el emperador le ha dado caza con violencia: no queda en esta tierra un caballero que no haya sido muerto por el hierro o se haya ahogado en el Ebro. Los franceses han acampado en sus riberas: se encuentran en esta comarca tan cerca de nosotros que, si vos lo queréis, muy dura ha de serles la retirada.

La mirada de Baligán se torna altanera; su corazón rebosa de alegría y entusiasmo. Se yergue en su trono y exclama:

—¡Barones, apresuraos! ¡Dejad las naves y cabalgad vuestros corceles! Si el viejo Carlomagno no se da a la fuga, el rey Marsil tendrá pronto venganza: ¡por la mano que perdió le entregaré la cabeza del emperador!

CCI

Los INFIELES de Arabia han abandonado sus navíos, y van jinetes en los corceles y los mulos. Dieron ya comienzo a su cabalgata; ¿qué otra cosa podrían hacer? El emir, que a todos ha puesto en movimiento, llama a Gemalfín, uno de sus fieles:


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