La canción de Rolando
La canción de Rolando EL EMPERADOR hace preparar a Rolando, a Oliveros y al arzobispo TurpÃn para la sepultura. Ante sus ojos, manda abrir a los tres y ordena que se recojan sus corazones en un cendal de seda y se guarden en un ataúd de mármol blanco. Luego toman los cuerpos de los tres barones y los envuelven en pieles de ciervo, no sin antes haberlos lavado con aromas y vino. El rey llama a Tibaldo y Gebuino, al conde Milón y a Atón, el marqués, y les dice:
—Llevadlos en tres carros.
Los tres están bien cubiertos con lienzos de seda de Calada.
EL EMPERADOR se dispone a regresar, y he aquà que ante él surge la vanguardia de los sarracenos. De la tropa más cercana se destacan dos mensajeros que, en nombre del emir, le anuncian la batalla:
—Rey soberbio, no habrás de retornar tan pronto. ¡Mira como tras de ti cabalga Baligán! Poderosos son los ejércitos que trae consigo de Arabia. ¡Antes de la noche pondremos a prueba tu valor!
Carlos, el rey, lleva la mano a su barba y queda pensativo, recordando su duelo y todo lo que perdió. Pasea sobre sus mesnadas una mirada llena de fiereza y exclama con voz fuerte y clara:
—¡Barones franceses! ¡A caballo y a las armas!
