La canción de Rolando
La canción de Rolando EL EMIR es señor de gran poderÃo. Hace llevar ante él su dragón, el estandarte de Tervagán y de Mahoma, y una imagen de Apolo, el felón. Diez cananeos cabalgan escoltándolos; en voz alta van sermoneando de esta suerte:
—¡Aquel que de nuestros dioses espere la salvación, que los sirva y los adore con todo respeto!
Los infieles inclinan la cabeza; sus yelmos centelleantes se humillan hasta tierra.
Y dicen los franceses:
—¡Truhanes, muy pronto habrá de llegaros la muerte! ¡Que este dÃa siembre la confusión entre vosotros! ¡Vos, Dios nuestro, defended a Carlos! ¡Que su nombre quede vencedor de esta batalla!
EL EMIR es un jefe de mucho juicio. Llama a su hijo y a los dos reyes y les dice:
—Señores barones, cabalgaréis al frente. Habréis de tomar el mando de todos mis cuerpos de ejército, pero quiero conservar a mi lado tres de ellos, entre los mejores: el primero de turcos, el segundo de ormaleses y el tercero de gigantes de Malprosa. Junto a mà estarán los de Occián; ellos acometerán a Carlos y a los franceses. Si el emperador viene a justar conmigo, le separaré la cabeza de los hombros. ¡Créalo bien! No habrá de caberle otra suerte.