La canción de Rolando
La canción de Rolando El DÍA ES claro y centellea el sol. Magníficos son los ejércitos, poderosos los cuerpos de batalla. Los de vanguardia se acometen. El conde Rabel y el conde Guinemán dejan sueltas las riendas a sus ligeros corceles y clavan con fuerza las espuelas en sus costados. Los francos arremeten entonces al galope y corren a herir con sus tajantes picas.
EL CONDE RABEL es intrépido caballero, Azuza su corcel con las espuelas de oro fino y ataca a Torleu, el rey persa: ni el escudo ni la cota resisten el golpe. Le hunde en las carnes su pica dorada y lo derriba muerto sobre unos arbustos. Los franceses exclaman:
—¡Dios nos ayude! ¡Con Carlos está el derecho, no debemos faltarle!
LUCHA Guinemán contra un rey leude. Le parte la adarga, pintada de flores; después le rompe la cota, le hunde en la carne todo el gonfalón y, lloren por ello o se rían, lo derriba muerto. Al contemplar la hazaña, gritan los de Francia:
—¡Herid, barones, no demoréis! ¡La razón está con Carlos contra la turba maldita! ¡Dios nos ha elegido para defender el juicio verdadero!
MALPRIMÍS es jinete de un corcel todo blanco. Se arroja en la multitud de los franceses, y corre de uno a otro dando recios mandobles y derribando muerto sobre muerto. Baligán es el primero en gritar: