La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Ah, mis barones, largo tiempo os he mantenido! Mirad a mi hijo: ¡se esfuerza por topar con Carlos! ¡A cuántos caballeros ha desafiado con sus armas! ¡Es vano buscar adalid mas valeroso que él! ¡Prestadle el socorro de vuestras tajantes picas!
A tales palabras, arremeten los infieles, repartiendo recios golpes: grande es la matanza. La batalla es prodigiosa y ruda: ni antes ni después se vio otra más violenta.
GRANDES SON los ejércitos, intrépidas las huestes. Todos los cuerpos de batalla han trenzado la lucha. Los infieles atacan con singular denuedo. ¡Dios! ¡Cuántas astas partidas en dos, cuántos escudos rotos, cuántas cotas desgarradas! La tierra está cubierta de despojos. ¡Ah, la hierba del prado, tan verde, tan delicada!… El emir arenga a sus hombres:
—¡Arremeted, barones, sobre esta turba cristiana!
La batalla es dura y porfiada. Ni antes ni después se vio ninguna de tamaña reciedumbre. No tendrá tregua hasta la noche.
EL EMIR incita a los suyos:
—¡Herid, sarracenos, que sólo para eso estáis aquÃ! ¡Os daré nobles y bellas mujeres, os haré dueños de feudos, de dominios y de tierras!
Y responden los infieles:
—Es nuestro deber hacerlo.
