La canción de Rolando
La canción de Rolando HAN PERECIDO los infieles, y Carlos es vencedor de la batalla. Ha derribado la puerta de Zaragoza: sabe que nadie habrá de defender la ciudad. Toma posesión de ella, sus tropas la invaden: por derecho de conquista, allí pernoctarán sus soldados. El rey de la barba blanca se muestra pleno de orgullo. Abraima le ha rendido las diez torres mayores y las cincuenta pequeñas. Aquel que obtiene la ayuda de Dios lleva a buen término sus empresas.
PASA EL día; es ya noche cerrada. Luce clara la luna y fulguran las estrellas. El emperador ha tomado Zaragoza. Mil franceses han sido encargados de reconocer a fondo la ciudad, sus sinagogas y sus mezquitas. Con mazas de hierro y grandes hachas destrozan las imágenes y todos los ídolos: no perdurará allí ningún maleficio ni sortilegio. El rey cree en Dios; quiere servirlo debidamente, y sus obispos bendicen las aguas. Hace llevar a los infieles hasta el baptisterio; si alguno resiste ante Carlos, el rey lo manda colgar, o le da muerte por el fuego o el acero. Más de cien mil se vuelven verdaderos cristianos por el bautismo, excepto la reina, que será conducida a Francia, la dulce, en cautiverio: el rey quiere que se convierta por amor.
