La canción de Rolando
La canción de Rolando Coloca bajo severa guardia a los rehenes hasta que se haga justicia.
AL VER Thierry que habrá de combatir, presenta a Carlos su guante derecho. El emperador lo pone en libertad bajo caución, y luego hace disponer cuatro bancos en la plaza. En ellos toman asiento los que habrán de enfrentarse. Al juicio de todos, se han desafiado según las reglas. Ogier de Dinamarca es el que ha acordado el doble reto. Después piden los adversarios sus caballos y sus armas.
PUESTO QUE están dispuestos a contender, ambos se confiesan, y son absueltos y bendecidos. Escuchan sus misas y reciben la comunión. Dejan a las iglesias cuantiosas ofrendas. Después, los dos vuelven ante Carlos. Han calzado sus espuelas, se cubren con sus blancas lorigas, fuertes y ligeras y se atan sus claros yelmos. Ciñen sus espadas, cuyas empuñaduras son de oro puro, cuelgan de sus cuellos los escudos acuartelados, toman en el puño diestro sus tajantes picas y se acomodan en las sillas de sus rápidos corceles. Entonces vierten llanto cien mil caballeros, que por amor a Rolando, se apiadan de Thierry. Mas Dios sabe bien cómo terminará esto.
