La canción de Rolando

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CCLXXXIV

DICE Thierry:

—Pinabel, muy denodado eres; te muestras alto y robusto, tus miembros están bien modelados y tus pares conocen todos tu valor: ¡renuncia a esta contienda! Te reconciliaré con Carlomagno. En cuanto a Ganelón, se le hará justicia, ¡y en forma tal que se hablará de ella hasta el fin de los días!

—¡No plegué a Dios, nuestro Señor! —responde Pinabel—. Quiero sostener a todos mis parientes. No me rendiré a ningún hombre vivo. ¡Prefiero morir a merecer tal reproche!

Y recomienzan a herir con sus espadas los yelmos incrustados de oro. Al cielo brotan las claras centellas. Nadie podría separarlos. No puede terminar este combate sin la muerte de un hombre.

CCLXXXV

PINABEL de Sorence ostenta gran denuedo. Hiere a Thierry sobre el yelmo de Provenza. Saltan chispas, la hierba se enciende. Le presenta la punta de su hoja de acero, que se desliza por su frente y por su rostro. La mejilla derecha quedó ensangrentada. Le hiende la cota hasta más abajo del vientre. Dios lo protege. Pinabel no lo ha derribado muerto.


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