La canción de Rolando
La canción de Rolando El rey llama a Basbrún, un veedor a su servicio, y le dice:
—Ve y ahorca a esos del árbol maldito. Por esta barba de pelos encanecidos, si se escapa uno solo, hallarás muerte y perdición.
—¿Qué otra cosa podría hacer? —responde Basbrún. Con cien sargentos, los arrastra a viva fuerza; son treinta los que perecieron por la horca.
El que traiciona pierde a los otros consigo.
ENTONCES se retiran bávaros y alemanes, potevinos, bretones y normandos. Todos están de acuerdo, y los franceses los primeros, en que Ganelón debe perecer en medio de terrible angustia.
Se traen cuatro corceles, y a ellos se atan los pies y manos de Ganelón. Los caballos son veloces y briosos. Ante ellos, cuatro sargentos los azuzan hacia un arroyo que atraviesa el campo. Ganelón ha llegado a su perdición. Todos sus nervios se distienden, todos los miembros de su cuerpo se desgarran; sobre la hierba verde se derrama clara su sangre. Ha hallado Ganelón la muerte que merece un felón probado. Cuando un hombre traiciona a otro, no es justo que saque de ello vanidad.
CUANDO HUBO tomado venganza el emperador, llama a sus obispos de Francia, de Baviera y Alemania, y les dice:
