La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Ay de vos si escucháis al villano, sea yo, o cualquier otro, que no os aconsejara para vuestro bien! Cuando el rey Marsil os manda decir que se convertirá en vuestro vasallo, juntas las manos, y que recibirá toda España como un don de vuestra gracia, y que además acatará la ley que nosotros observamos, aquel que os aconseje que desechemos semejante acuerdo en poco aprecia, señor, nuestra vida. No debe prevalecer un consejo de orgullo. ¡Dejemos a los locos, atengámonos a los juiciosos!
ENTONCES se adelanta Naimón; no existe mejor vasallo en toda la corte. Le dice al rey:
—Habéis oÃdo la respuesta de Ganelón; es muy sensata, sólo os resta ponerla en práctica. El rey Marsil ha perdido la guerra: le habéis tomado todos sus castillos; con vuestras catapultas habéis destrozado sus murallas; habéis incendiado sus ciudades y vencido a sus hombres. Hoy, cuando os pide que le otorguéis clemencia, serÃa pecado causarle más desdichas. Puesto que quiere entregaros rehenes como garantÃa, no debéis prolongar esta gran guerra.
—¡El duque tiene razón! —dicen los franceses.
—SEÑORES barones, ¿a quién hemos de enviar a Zaragoza, hacia el rey Marsil? —pregunta Carlos. El duque Naimón responde al punto:
