La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡No HARÁS TAL! —responde Ganelón—. Ni eres tú vasallo mío, ni soy yo tu señor. Carlos me ordena que cumpla su servicio: iré, pues, a Zaragoza, donde está Marsil; mas antes de haberse apaciguado en mí la gran cólera que me invade, habré hecho una de las mías.
Al escuchar tales palabras, Rolando comienza a reír.
AL ADVERTIR Ganelón la burla de Rolando, lo invade tal despecho que está a punto de estallar de rabia; poco le falta para perder el juicio.
—Mal os quiero, a vos que habéis hecho recaer sobre mí esta elección injusta —le dice el conde—. Buen emperador, heme dispuesto; quiero llevar a cabo vuestra orden.
—¡IRÉ A ZARAGOZA! Es necesario, bien lo sé. Quien pone allí los pies, no ha de regresar. Recordad, por sobre todas las cosas, que vuestra hermana es mi esposa. Me ha dado un hijo, el más hermoso que existe. Su nombre es Balduino —añade—, ha de ser un hombre valeroso. A él dejo en herencia mis tierras y mis feudos. Tomadlo bajo vuestra protección, pues nunca volverán a contemplarlo mis ojos.
—Muy tierno tenéis el corazón —contesta Carlos—. Fuerza os es partir, puesto que así lo ordeno.
DICE EL rey:
