La canción de Rolando
La canción de Rolando —Acercaos, Ganelón, y recibid el guante y el bastón. Bien lo habéis oído: la elección de los francos ha recaído sobre vos.
—Señor —replica Ganelón—, ¡todo fue por causa de Rolando! Toda mi vida le guardaré rencor, y también a Oliveros, por ser su amigo. En cuanto a los doce pares, que tanto lo quieren, aquí mismo los desafío, señor, ante vuestros ojos.
—Sois demasiado iracundo —observa el rey—. Verdad es que iréis, puesto que es mi mandato.
—Tal haré, mas sin ninguna garantía, como les sucedió a Basilio y a su hermano Basan.
EL EMPERADOR le entrega el guante, aquel que lleva en la mano derecha. Mas el conde Ganelón hubiera deseado hallarse a muchas leguas. Cuando se decide a tomarlo, el guante cae a tierra. Los franceses dicen:
—¡Dios! ¿Qué augurio es ése? Grandes males habrá de acarrearnos esta empresa.
—Caballeros —dice Ganelón—, ¡ya tendréis noticias de ello!
—SEÑOR —prosigue Ganelón—, dadme vuestra venia para partir. Ya que debo marchar, nada ha de retardarme. Y responde el rey:
—¡Id en nombre de Jesús y con mi venia! Lo absuelve con su mano diestra y traza sobre él el signo de la cruz. Luego le entrega el bastón y el breve.