La canción de Rolando
La canción de Rolando —CABALLEROS francos —dice el emperador Carlos—, elegidme a un barón de mis dominios que pueda llevar a Marsil mi mensaje.
Rolando exclama:
—Que sea Ganelón, mi padrastro. Dicen los franceses:
—Por cierto que es el hombre indicado; no podrÃais enviar a ninguno más sensato.
Y el conde Ganelón se siente penetrado por la angustia. Retira de su cuello las amplias pieles de marta, descubriendo su brial de seda. Sus ojos son veros, su rostro altivo; noble es su cuerpo y su pecho amplio: tan hermoso se muestra que todos sus pares lo contemplan. Ganelón se encara con Rolando:
—¡Insensato! ¿Cuál es el motivo de tu frenesÃ? Todos aquà saben que soy tu padrastro, y sin embargo, me has señalado para ir al encuentro de Marsil. ¡Si Dios permite que regrese de esta empresa, te causaré males que durarán hasta el fin de tus dÃas!
—Son ésas palabras dictadas por el orgullo y la demencia —replica Rolando—. Bien saben todos que no me cuido de amenazas; mas para hacerse cargo de un mensaje se necesita tener juicio. Si lo desea el rey, estoy dispuesto: iré en vuestro lugar.
