La canción de Rolando

La canción de Rolando

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LXXXII

—HE VISTO a los infieles —dice Oliveros—. Jamás hombre alguno contempló tan cuantiosa multitud sobre la tierra. Son cien mil los que están ante nosotros con el escudo al brazo, atado el yelmo y cubiertos con blanca armadura; relucen sus bruñidas adargas, con el hierro enhiesto. Habréis de dar una batalla como jamás se ha visto. ¡Señores franceses, que Dios os asista! ¡Resistid firmemente, para que no puedan vencernos!

Los franceses exclaman:

—¡Malhaya quien huya! ¡Hasta la muerte, ninguno de nosotros habrá de faltaros!

LXXXIII

DICE Oliveros:

—Muy crecido es el número de los sarracenos y escaso me parece el de nuestros franceses. Rolando, mi compañero, tocad vuestro olifante: Carlos lo escuchará y volverá el ejército.

—Locura fuera —responde Rolando—. Perdería por ello mi renombre en Francia, la dulce. Muy pronto habré de asestar recios golpes con Durandarte. Sangrará su hoja hasta el oro del pomo. Los viles sarracenos vinieron a los puertos para labrar su infortunio. Os lo juro: a todos les espera la muerte.

LXXXIV

—¡ROLANDO, mi compañero, tocad vuestro olifante! Carlos habrá de oírlo y volverá con el ejército; podrá socorrernos con todos sus barones.


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