La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Ello me enardece más! ¡No plegué al Dios de los cielos ni a sus ángeles que por mi culpa pierda Francia su valer! ¡Antes prefiero la muerte a soportar el escarnio! ¡Cuanto más recios sean nuestros golpes, más habrá de querernos el emperador!
ROLANDO es esforzado y Oliveros juicioso. Ambos ostentan asombroso denuedo. Una vez armados y montados en sus corceles, jamás esquivarÃan una batalla por temor a la muerte. Los dos condes son valerosos y nobles sus palabras.
Los felones sarracenos cabalgan furiosamente.
—Ved, Rolando, cuán numerosos son —dice Oliveros—. ¡Muy cerca están ya de nosotros, pero Carlos se halla demasiado lejos! No os habéis dignado tocar vuestro olifante. Si el rey estuviera aquÃ, no nos amenazarÃa tal peligro. Mirad a vuestras espaldas, hacia los puertos de España; podrán ver vuestros ojos un ejército digno de compasión: quien se encuentre hoy a retaguardia, nunca más podrá volver a hacerlo.
—¡No pronunciéis tan locas palabras! ¡Malhaya el corazón que se ablande en el pecho! En este lugar resistiremos firmemente. Por nuestra cuenta correrán los lances y refriegas.
CUANDO advierte Rolando que está por entablarse la batalla, ostenta más coraje que un león o leopardo. Interpela a los franceses y a Oliveros:
