La canción de Rolando
La canción de Rolando PASA ROLANDO por los puertos de España cabalgando a Briador, su rápido corcel. Se halla cubierto de su coraza que realza su figura y blande denodadamente su lanza. Hacia los cielos endereza la punta; un gonfalón todo blanco está atado al hierro y las franjas le azotan las manos. Noble es su apostura, risueño y claro su rostro. Le sigue su compañero, y los caballeros de Francia lo proclaman su baluarte. Su mirada se dirige amenazadoramente hacia los sarracenos y luego humilde y mansa hacia los franceses, a los que dice con gran cortesÃa estas palabras:
—Señores barones, ¡despacio, cabalgad al paso! Estos infieles van en busca de su martirio. Antes de que caiga la noche habremos ganado un botÃn tan bello como suntuoso: nunca rey de Francia conquistó otro igual.
Y al tiempo que asà hablaba, topáronse los dos ejércitos.
DICE Oliveros:
—No me impulsa el ánimo a discursos. No os dignasteis tocar vuestro olifante, y Carlos no está aquà para sosteneros. Ni una palabra sabe de esto, el esforzado rey, y no es suya la culpa, como tampoco merecen reproche alguno todos estos valientes. ¡Asà pues, cabalgad con todo vuestro denuedo contra esas huestes! Señores barones, ¡manteneos firmemente en la contienda! En nombre de Dios os exhorto a bien herir. ¡Golpe dado por golpe recibido! Y no olvidemos la divisa de Carlos.
