La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Fácilmente se convencieron de que no había sido un sueño, sino que era realidad.
Y las astutas jóvenes, que conocían el engaño en que los viejos habían caído, lejos de tratar de disuadirlos hacían más apremiantes sus insinuaciones.
—¿Por qué no diste satisfacción a mis deseos ayer, cansándome en cambio con caricias esta noche?
Y las palabras eran acompañadas con besos y caricias.
—Amigos, el día pasa sin sentirlo, ¡vamos a comer!
Unos momentos después comían, teniendo cada uno a su lado el fruto de su mal sueño.
Las nunuibas, que más con el capy y el cachiri, que con las caricias y los besos, esperaban alcanzar lo deseado, forzaban a los viejos amantes a beber copiosamente del curupy, lo que ellos alegres y contentos no trataban de evitar.
El Sol estaba ya en el mediodía cuando terminaron, y los viejos fueron inmediatamente a las hamacas a donde los siguieron las jóvenes.
La embriaguez da cierta audacia que excita hasta los más fríos.
Ahora eran los viejos quienes trataban de incitar a las jóvenes y como no podían con otra cosa, era con los dedos que delicadamente las estimulaban, hasta que cada una se sintió transformada en una húmeda fuente.