La leyenda de Yurupary

La leyenda de Yurupary

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Y los viejos se calentaban con el juego, y Ualri, para quien el placer era más intenso, comenzó a lamentarse de la rigurosa ley de Yurupary, hasta que poco a poco descubrió todos los secretos.

Y así, a causa de la involuntaria revelación de Ualri, las nunuibas alcanzaron su propósito.

Cuando los viejos se durmieron, ellas se retiraron y volvieron a su aldea repitiendo lo que habían oído.

Desde ese día las nunuibas no volvieron más a la Yurupary-oca.

Los viejos, acostumbrados a aquella compañía, pasaban el tiempo lamentándose de tanta ingratitud.

El recuerdo era insidioso y todos los días tenían noticias de las hermosas nunuibas por unos muchachos que venían a bañarse en el río.

Una mañana, encontrándose Ualri con un grupo de ellos, les preguntó a dónde iban.

—A recoger uakjí, —respondieron.

—Yo también voy con ustedes —dijo Ualri—; quiero enviarle una canasta de lo mismo a la ingrata Diadue.

—Vamos, —dijeron los jóvenes—, aquí cerca hay un árbol muy cargado de fruta; alcanzará para todos.

Como el uacuiucuyua era muy grande y los curumy no podían trepar, le pidieron al viejo que se subiera para que les tirara la fruta.


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