La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Y el viejo les hizo caso, pero advirtiéndoles que no encendieran fuego bajo el árbol.
Ya Ualri estaba tumbando a palos el uakú de entre las ramas, cuando los muchachos encendieron una gran hoguera para tostar allí los frutos.
La fruta es muy aceitosa y en un instante un denso humo invadió el árbol.
A punto de sofocarse, y no sintiéndose muy bien, Ualri apenas tuvo tiempo de tomarse de las ramas para no caer, sin acordarse en ese momento del amuleto que llevaba al cuello.
Los curumy comían la fruta tostada sin imaginarse los padecimientos que sufría el viejo. Solo cuando estuvieron satisfechos, apagaron el fuego.
Cuando el humo se disipó, notaron que de las ramas del árbol descendía una gruesa liana hasta el suelo, que antes no estaba allí, y por ella vieron descender a Ualri.
—Abuelo, ¿qué liana es ésa que te ha servido de escalera?
Ualri-puy —respondió él furioso—. Ya no se acuerdan que me estaba sofocando con el humo. Que quede esto como constancia de que unos picaros querían matar a un viejo.
Se llevó a la nariz su amuleto, y pidió lluvia, relámpagos y truenos que de inmediato le fueron concedidos.