La leyenda de Yurupary

La leyenda de Yurupary

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E inmediatamente todo el pueblo puso manos a la obra para preparar las bebidas deseadas.

Y el payé se subió al techo de la casa, desde donde sopló grandes nubes de humo de su tauary hacia el lugar en el que se encontraban los viejos, mientras aspiraba bocanadas de caragirú de la luna.

Entre tanto Ualri, después de su terrible venganza, no se quitaba el talismán de la nariz.

Cuando la noche se dirigía hacia el alba, todos sus huesos parecían transformarse en instrumentos, y se oían claramente los sonidos que de ellos salían.

Sus compañeros supieron entonces que en Ualri sucedía algo extraordinario.

Y Ualri, antes de que asomara el Sol, salió de casa y voló.

El payé que estaba aún sobre el techo de la casa del tuixáua vio a Ualri y lo oyó al pasar por el pueblo.

Apenas cantó el buá-buá, las jóvenes partieron para la Yurupary-oca, y a su llegada encontraron a Ualri ya de vuelta. Diadue, previamente instruida por el payé, lo abrazó con grandes muestras de afecto.

—Queridos amigos, venimos a invitarlos a ir al poblado; todo está listo, solo falta su presencia para comenzar la danza; no dejemos pasar el tiempo.

—Vamos —respondieron ellos.


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