La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary Cuando se aproximaban al poblado, Ualri soltó el brazo de Diadue y voló sobre una palmera, y sus huesos comenzaron a tocar una música festiva, que era desconocida por todos.
—Ahora, —dijo Diadue—, bebamos y dancemos; aturdamos nuestros corazones hasta mañana.
Y el cachiri y el capy se ofrecían con más frecuencia, pero hasta la noche Ualri se conservó lúcido, en tanto que sus compañeros ya desde hacía mucho estaban embriagados.
Y el payé, que con un soplo había hecho que las bebidas fueran más fuertes que de costumbre, estaba maravillado viéndolo resistir tanto.
Y Ualri bebía, bebía y no sentía nada, y cuando llegó la noche voló a la Yurupary-oca.
—Ahora, —exclamó el payé— es el momento de quitarle el amuleto que lo protege, ahora que va a estar adormecido un instante; pero es necesario ponerse ya en camino.
Diadue pronto se puso en camino con algunas compañeras, y cuando llegaron a la casa, Ualri ya estaba en pie y de sus huesos salía aquella música festiva que ya habían oído, pero que era desconocida por todos.
Y el urutauy comenzó a chillar sobre el camino y volvió a volar en el pueblo.