La muerte del Rey Arturo
La muerte del Rey Arturo Lanzarote le suplica que le perdone todos los daños, y le responde ella que lo hace con mucho gusto; lo besa y abraza al despedirse; monta sobre su caballo y se marcha; la reina quedó al servicio de Nuestro Señor, con tan buen corazón que no se le escapó ni una misa, ni maitines, de noche ni de día y se ocupó de rogar por el alma del rey Arturo y de Lanzarote; no vivió más que un año desde que Lanzarote se fue. Cuando murió fue enterrada de forma tan alta como correspondía a tan elevada dama.
Al salir de allí Lanzarote cabalgó errante, meditabundo y afligido, hasta que llegó a una montaña de rocas, en la que había una fuente y una ermita bastante alejada y oculta de las gentes; Lanzarote entró en aquella ermita y pasó el resto de su vida allí, por amor de Nuestro Señor.