La Perla numero 11
La Perla numero 11 Le susurré al oído a mi amante que me siguiera, y salimos de nuestro cuarto para entrar en el del grupo, aprovechando que la puerta no estaba cerrada, y antes de que pudieran recobrarse de su asombro me lancé de espaldas sobre su señoría, al que casi dejé sin respiración por el peso de mi cuerpo sobre su estómago, sin tomar en consideración sus exclamaciones de “putilla diabólica” y otras por el estilo, con las que manifestaba su disgusto. Me metí triunfalmente su rígida polla en el agujero del culo, dedicándome a apretarla y exprimirla con mis contorsiones sobre ella, mientras James, cuyo nabo había adquirido un tamaño tremendo por efecto de la excitación, se posesionaba de mi ardiente coño.