La Perla numero 11
La Perla numero 11 Me miró de modo muy extraño. Era un guapo mozo de unos veintiocho años, pero ya desposado de por vida con una mujer bastante gorda que, además de haber aportado al matrimonio una considerable fortuna, le habÃa dado ya nueve hijos y parecÃa que seguirÃa dándole muchos más.
—No acierto a comprenderos, Robert —me atrevà a decir; eres tan diferente a tu hermano que te contentas con la misma rutina de todos los dÃas y no tienes ni ojos ni sonrisas más que para tu esposa, espléndida por demás. En cambio, él flirteaba con todas y se acostaba con cuanta bella mujer se le cruzaba en el camino. ¿Qué clase de corazón es el tuyo? No das señal alguna de compadecerme por mi pérdida.
Era tan guapo y me disgustaba tanto la nueva Lady Crim-Con, que decidà conquistarlo y dar asà satisfacción de un solo golpe a mi rabia y a mi pasión.
—¿Qué es lo que pretendes insinuar, querida Beatrice? Te aseguro que no sé qué pensar.
—¡Ah!, bien sabes cuán delicada y sola me encuentro. Y ni aun asà te dignas nunca darme siquiera un beso fraternal. Sé muy bien que tu esposa me detesta, pero dentro de unos dÃas estaré ya en Hastings.