La Perla numero 11
La Perla numero 11 O las aventuras de un caballero en busca del placer
(Continuación del número 11.)
A los quince días de aquel suceso llegamos a San Petersburgo, donde, tras dejar preparado todo para la vuelta, decidí dedicar dos o tres días al placer.
En un baile ofrecido en el Palacio Imperial, al cual fui invitado, conocí a la condesa Z., una de las mayores bellezas de la corte y la mujer más hermosa de San Petersburgo.
La condesa Caroline era una viuda de veintitrés años. Se casó a los veinte, y un mes, más o menos, después del matrimonio su marido fue muerto en duelo por un inglés.
La condesa tenía un porte y una mirada llena de soberbia, como una Juno; su redondeada y majestuosa figura me excitaba a la mayor admiración, y me decidí, siempre que fuera posible, a hacerla mía.
Al entablar conversación con ella me di cuenta de que le gustaba mi compañía y mucho más aún mi persona.
No obstante lo cumplida que era, Carolina Z. tenía un vicio peculiar a todos los rusos, que era el de beber grandes cantidades de brandy. En efecto, bebió tanto aquella noche que, sabiendo que vivía en un gran palacio, sólo acompañada por la servidumbre, me decidí a hacerla mía aquella misma noche.
