La Perla numero 11
La Perla numero 11 Bebió mucho brandy hasta muy tarde aquella madrugada, y se excitó tanto que llegó un momento en que fue incapaz de controlarse a sí misma. Yo estuve toda la noche a su lado, hasta que se acabó el baile. Humildemente le pedí permiso para escoltarla.
Mientras hablábamos burlonamente le hice la pregunta, mientras descendíamos las escaleras de palacio. La vivaz criatura, casi borracha de brandy, dio inmediatamente su consentimiento.
La ayudé a montar en el coche, y ordenándole al cochero que fuese de prisa, en un momento nos encontramos en su palacio.
Al descender me invitó a entrar, invitación que acepté de corrido, y ella me guió hasta una gran escalera que llevaba directamente a su vestidor. Se hallaba tan llena de brandy que apenas si sabía lo que hacía. Quitándose el sombrero y el chal, tocó una campana y entraron dos camareras. Pidiéndome que la excusara dos minutos, se retiró a un “boudoir”, seguida por las criadas, y al poco tiempo reapareció con un vestido diferente: una bata ancha y flotante, de rico cachemira.
Ordenó que le sirviesen comida y brandy y luego despidió a las criadas que lo trajeron. Se retiraron fingiendo asombro ante la visita de un hombre que ya había admitido a su vestidor, y especialmente a aquella hora.