La Perla numero 11
La Perla numero 11 Esto molestó algo a mi encantadora francesa, pero al contarle mis ideas consintió en lo que le proponía. Le dije que quería que mi castillo estuviese adornado de oro y perlas bárbaras, a donde llevaría, sí, y hasta raptaría, a todas las magníficas mujeres que excitasen mis deseos de una forma muy marcada, y que haría que aquel castillo fuese vigilado por fieles seguidores míos, lo que lo convertiría en un verdadero harén fortificado. Le dije que en él reinaría como señora indiscutible, y que, avariciosa como era, nunca debería echar de menos la carne peculiar para la que siempre estaba dispuesta y lista a devorar. También le dije que tuviese todo listo para empezar en cualquier momento, mientras yo iba a ver a la bella rusa entre cuyos brazos había pasado la noche.
Llegué por la noche y un criado me llevó inmediatamente hasta donde estaba Caroline. La encontré en su espléndido cuarto de baño, descansando en medio de un baño de leche y agua perfumada.
Colocando un cojín en el borde de mármol de la bañera, le propuse que dejase Rusia y viniera a Francia conmigo. Para su imaginación le describí el magnífico esplendor de nuestra residencia, en el cual sólo el amor seria admitido.