La Perla numero 11
La Perla numero 11 Le describí toda la infinita variedad de goces en los cuales nos podríamos complacer; de esta forma pasaríamos días y noches en una ininterrumpida ronda de placeres.
Tanto le excité la imaginación con la brillante descripción de la vida amorosa que viviríamos, que inmediatamente dio su consentimiento de seguirnos. Digo nosotros porque le conté que Celestine estaba conmigo y de mis intenciones de poseer cuanta mujer me gustase.
Comprendió de inmediato las intenciones de mi propuesta y me hizo prometerle que traería a Celestine a su casa a la noche siguiente, donde los tres pasaríamos la noche juntos.
Después de pasar el día visitando los alrededores de San Petersburgo, Celestine (con su disfraz masculino) y yo llegamos a casa de la condesa, donde en seguida nos llevaron al cuarto del que ya he hablado.
Caroline estaba descansando en un sofá, rodeada de toda la encantadora coquetería que brinda un salto de cama. En vez de incorporarse a recibirnos se limitó a tocar una campana de plata que tenía al lado. Entraron dos criadas, que llevando a Celestine al “boudoir" se quedaron con ella toda una media hora.