La Perla numero 11
La Perla numero 11 Pero estos atrevimientos, actuando como provocadores de sus lujurias ya excitadas, no podían prolongarse mucho tiempo. Ardían a la búsqueda de algo más sustancial que el besuqueo y el toqueteo, que sólo son estupendos auxiliares para aumentar un apetito que no podían satisfacer.
Saltando corrí hacia el “boudoir”, seguido de las queridas criaturas, cuyos ojos relampagueaban con fuegos libertinos, mientras sus pechos se elevaban y caían con raudos latidos.
Me escondí debajo de la cama, de donde me sacaron, y me desnudaron completamente, pegando sus labios a todas mis partes, mientras mi nabo pedía carne con su capullo duro.
Me dejaron sin una pieza que me cubriese lo más mínimo, y haciendo que juzgase cuál de las dos poseía belleza más increíble, colocaron un gran espejo delante de ellas, donde aparecieron reflejadas sus tetas del color de fresa y nata, y los cabellos que rodeaban dos pares de los labios más tentadores y protuberantes que nunca adornaron a mujer alguna. Ambas eran modelos perfectas de belleza y gracias voluptuosas, aunque diferentes entre sí. Por lo tanto, no pude decidir, sino admirar más y más los encantos de los cuales era el feliz dueño.