La Perla numero 11
La Perla numero 11 Durante nuestra charla le toqueteaba y apretaba las tetas y a medida que el diálogo se hacía más interesante, mi mano se volvió más atrevida, y empezó a tocarla por todas partes.
Cuando terminé de charlar, me di cuenta de que en mi despiste la había acostado en un sofá y me estaba preparando a poner a prueba su amor, cuando un infernal criado abrió la puerta para anunciar a un visitante.
Ah, maldita suerte la que tenía; vernos interrumpidos en tal momento. Pero al ver a la dama que entraba, todo mi dolor se cambió en gozo, porque ella era, sin duda alguna, la criatura más hermosa y voluptuosa que mis ojos nunca antes habían mirado. Con qué dignidad y gracia cruzó el salón. Cuánta gracilidad regía sus movimientos. Un tobillo bien torneado, un bonito piececillo, que sin ruido avanzaron por el piso, me hicieron desear el hallar lo que se escondía por encima de la liga.
Rosalie me presentó a la dama bajo el nombre de Laura, hija del Conde de B-w. Viendo que ya no podría ofrecerle mis cumplidos de forma íntima a Rosalie, pedí permiso para marcharme y hacer otras visitas.