La Perla numero 11
La Perla numero 11 En poco tiempo, hice que convirtieran el gran salón del segundo piso en una magnífica sala de recepciones. Sus lados y extremos estaban cubiertos de flores y arbustos que constituían un verdadero jardín. A cada lado había una fila de estatuas de figuras desnudas, que había comprado en París. En ambos extremos había una hermosa fuente, mientras que en el centro había un gran estanque de mármol, en el cual aparecía una tercera fuente. La figura que echaba el agua era una estatua femenina que estaba colocada de tal forma que parecía que descansaba y flotaba sobre su espalda, en medio del agua. El chorro de agua saltaba desde su coño y llegaba casi hasta el cielo, lo cual hacía que sirviese como ducha para cualquiera que quisiese sentarse sobre la estatua.
Las ventanas laterales habrían sobre una balconada que miraba al mar. En la parte opuesta del pasillo había convertido a todo el conjunto de habitaciones en un gran salón, en el que, tan pronto como llegó el tapicero, irían colocadas cincuenta camas.
El conjunto de habitaciones del mismo piso del ala que quedaba más próxima, fue convertido en un enorme cuarto de baño. En este salón había una bañera de mármol, donde podían bañarse cincuenta personas al mismo tiempo. Un pequeño estanque con peces, que existía en el jardín, fue convertido en un pequeño lago que tenía unos cien metros de diámetro.