La Perla numero 11
La Perla numero 11 —Echarse encima de ti, meterte la polla y follarte.
Solté una carcajada y a poco nos quedamos dormidas.
Un domingo, no mucho tiempo después de esta conversación, me acometió un fuerte dolor de cabeza, y resolvà quedarme en casa. No me enteré de que hubiese alguien en el edificio hasta que acerté a pasar frente a la habitación de Mr. T., quien saltó precipitadamente para tomarme entre sus brazos, meterme dentro de su cuarto y cerrar la puerta.
—¡Por favor, Mr. T., déjeme salir!
—¡Mi querida May, permÃteme que te diga cuán tiernamente te amo!
Y mientras me sofocaba con sus besos me condujo gentilmente hacia su cama.
—No quiero sentarme. ¡Suélteme! ¡No intente meterme sus manos debajo de la ropa!
Pero su mano, por la fuerza, se metió debajo de ellas y sentà cómo sus ansiosos dedos exploraban mis secretos encantos.
—¡Saque su mano, Mr. T.! No puedo permitirle tales libertades. ¡Suélteme o gritaré!
—No lo hagas, amorcito, pues nadie puede oÃrte.
—¡Suélteme he dicho y retire su mano! ¡Oh! ¿Cómo se atreve a levantarme la ropa?