La Perla numero 11
La Perla numero 11 Me tendió de espaldas, y a pesar de mi lucha por evitarlo, puso al descubierto mi bajo vientre y mis muslos, dejando asà a la vista mi desnudo coño.
Era la primera vez que me lo veÃa un hombre, y sentà una espantosa vergüenza, pero una peculiar sensación de gusto convirtió bien pronto la exposición en una fuente de placer.
Con el rostro encendido y los ojos brillantes de deseo exclamó:
—¡Qué coño tan adorable tienes, May! ¡Qué lindo y abundante pelo lo cubre! ¡Cómo sobresalen sus regordetes labios! ¡Y cuán excitante y tentadora resulta la sonrosada raja que se abre entre ellos! ¡Tengo que besarlo! ¡Oh, qué bien huele!
Se inclinó y me besó apasionadamente el coño.
Después abrió los labios del mismo para chuparme el clÃtoris, y meterme su lengua en el cálido interior.
Al contacto de sus labios se estremeció mi coño, y cuando sentà sus lengüetazos en torno a mi clÃtoris, y en los sensibles pliegues del interior, no pude menos que abrirme de piernas, y alzarme un poco a manera de dejar más expedito el camino hacia la fuente del placer.